“Veracruz, rumbo a sus 500 años”  

La Villa del Espíritu Santo de Coatzacoalco, los primeros españoles

El señorío prehispánico de Coatzacoalco tenía su capital en el poblado del mismo nombre, situado en la margen derecha del río Coatzacoalco, a pocos kilómetros de su desembocadura. Coatzacoalco es un nombre nahua que significa en el santuario de la serpiente, o donde la serpiente se esconde, en referencia al mítico Quetzalcóatl, el dios – sacerdote que expulsado de Tula supuestamente se inmoló en está zona, convirtiéndose en el lucero de la mañana, según una versión del mito, o embarcando rumbo al oriente se perdió en el mar en una balsa hecha de serpientes, prometiendo volver, según otra variante.

No sabemos con precisión dónde estuvo ubicado el antiguo Coatzacoalco. Bernal Díaz del Castillo menciona que durante su primer viaje con Juan de Grijalva, en 1518, pasaron por el río Tonalá “y yendo más adelante navegando, vimos adonde quedaba el paraje del gran río de Guazacalco, y quisiéramos entrar en la ensenada, por saber qué cosa era, si no por ser el tiempo contrario. Y luego se parecieron las grandes sierras nevadas que en todo el año están cargadas de nieve, y también vimos otras sierras que están más junto a la mar, que se llaman de San Martín. Y pusímosle este nombre porque el primero que las vio desde los navíos fue un soldado que se decía San Martín y era vecino de la Habana, que iba con nosotros” (Díaz del Castillo, 1986: 22).  Abunda el soldado cronista que luego de explorar la costa del Golfo decidieron volver a Cuba y agrega:

… en pocos días llegamos al paraje del gran río de Guazacalco, y no pudimos entrar en él por ser el tiempo contrario, y muy abrazados con tierra entramos en el río Tonalá, que se puso nombre entonces de San Antón. Y allí dimos carena a un navío que hacía mucho agua, puesto que tocó al entrar en la barra, que es muy baja. Y estando aderezando nuestro navío vinieron muchos indios del pueblo de Tonalá, que está una legua de allí, y muy de paz y trajeron pan de maíz y pescado y fruta y con buena voluntad nos lo dieron. Y el capitán les hizo muchos halagos y les mandó dar cuentas verdes y diamantes, y les dijo por señas que trajesen oro a rescatar y que les daría de nuestro rescate. Y traían joyas de oro bajo y les daban cuentas por ello. Y también vinieron los de Guazacalco y de otros pueblos comarcanos y trajeron sus joyezuelas, que todo eran nonada. Pues además de este rescate traían comúnmente todos los más indios de aquellas provincias unas hachas de cobre muy lucias, como por gentileza y a manera de galanía, con unos cabos de palos pintados, y nosotros creímos que era de oro bajo, y comenzamos a rescatar de ellas. Digo que en tres días se hubieron más de seiscientas y estábamos muy contentos creyendo que eran de oro bajo, y los indios mucho más con las cuentas. Y todo salió en vano, que las hachas eran de cobre puro y las cuentas un poco de nada (Díaz del Castillo, 1986: 27-28).

El segundo contacto directo de los indígenas de Coatzacoalco con los conquistadores españoles se dio cuando Hernán Cortés envió a Diego de Ordaz a principios de 1520 a sondear el río por la posibilidad de establecer un puerto en él. Moctezuma le advirtió que hasta allá no llegaban sus dominios y no respondía por la seguridad de los españoles en esa provincia. Pero Ordaz fue bien recibido por el cacique Tuchintecuhtli, pues ya tenían noticia de los españoles por la expedición anterior de Juan de Grijalva:

… desde que los caciques de Guazaqualco entendieron a lo que iba, luego le dieron muchas y grandes canoas, y el mismo cacique Tochel y con él otros muchos principales y sondaron la boca del río, y hallaron tres brazas largas sin la caída en lo más bajo, y entrados en el río un poco arriba podían nadar grandes navíos, y mientras más arriba, más hondo, y junto a un pueblo que en aquella sazón estaba poblado de indios, pueden estar carracas. Y después que Ordaz lo hubo sondado y se vino con los caciques al pueblo, le dieron ciertas joyas de oro y una india hermosa, y se ofrecieron por servidores de su majestad… (Díaz del Castillo, 1986: 200-201).

Escribe Bernal que los de Coatzacoalco se quejaron de Moctezuma y de su guarnición, contra la cual habían peleado recientemente y la habían derrotado. Por su parte, Pedro Mártir de Anglería afirma también que el cacique de Coatzacoalco era enemigo de Moctezuma y que durante su visita “admitió a los españoles, pero no a los moctezumanos” que acompañaban a Diego de Ordaz. Cuenta que los indígenas ayudaron a los españoles a sondear el río y agrega:

Allí se empezó a erigir una colonia a ruego del cacique, que hizo construir a sus subordinados seis casas al estilo de aquel país, prometiendo más si era menester, e invitó a los españoles a que se quedaran allí siempre si querían establecerse en su territorio, y aún dentro de la ciudad si lo preferían. En señal de su anhelada amistad envió a Cortés regalos, aunque no magníficos, y mensajeros que le ofrecieron homenaje (Mártir de Anglería, 2012: 385-386).

Por su parte el cronista Francisco Cervantes de Salazar sobre el mismo suceso escribe que Cortés mandó a diez españoles, “todos pilotos y gente de mar”, a buscar un buen puerto para sus naos. Junto a una comitiva mandada por Moctezuma los diez españoles recorrieron toda la costa sur, desde San Juan de Ulúa hasta que llegaron a Coatzacoalco. Repite a grandes rasgos que fueron acogidos muy bien por el cacique, quien “holgose en extremo de verlos, tocábalos y mirábalos muchas veces, admirado de la extrañeza de su traje, barbas, espadas y disposición de sus personas”. Y agrega que prestó a los españoles unas canoas grandes para sondear el río Coatzacoalco, el cual encontraron tener seis brazas de hondo e incluso subieron diez leguas río arriba, donde encontraron grandes y fértiles poblaciones. Y comenta que “aquel señor envió a Cortés cosas de oro, piedras, ropas de algodón, de pluma, de cuero y bravos tigres con sus cadenas a muy gran recaudo”. Más aún, afirma que Tuchintecuhtli envió una comitiva con dos embajadores, los cuales hablaron con Cortés prometiendo tributar cada año si los defendían de los recaudadores de Moctezuma. Sin embargo afirma que después Cortés envió otra embajada a Coatzacoalcos y finaliza: “Fueron y volvieron muy contentos y ciertos de todo, por lo cual despachó luego Cortés a Joan Velázquez de León por capitán de algunos españoles, para que poblase allí y hiciese una fortaleza” (Cervantes de Salazar, 1985: 359-361). En sentido estricto, esta sería la primera población española del sur de Veracruz, y quizá esa sea la colonia que dice Mártir de Anglería que se empezó a formar en Coatzacoalcos, diferente y anterior a la que después fundaría Gonzalo de Sandoval.

El puerto de Coatzacoalco que Cortés pensaba establecer no prosperó. Cuenta Bernal que “decía (Ordaz) que era buena tierra para ganados y granjerías, y el puerto a pique para las islas de Cuba y Santo Domingo y Jamaica, excepto que era lejos de México y había grandes ciénegas; y a esta causa nunca tuvimos confianza del puerto para el descargo y trato de México” (Díaz del castillo, 1986: 201).

Con respecto a los tigres de Coatzacoalcos, escribe Pedro Mártir de Anglería que a la par que, Diego de Ordaz, Cortés también mandó a explorar a un soldado de apellido Benavides, quien después salió a España con un cargamento de joyas y regalos para el monarca, poco después de la muerte de Moctezuma. Y menciona el destino final de aquellos tigres de Coatzacoalcos:

Traían aquellas naves… tres tigres criados desde pequeños, cada uno en su jaula, de buenos palos compaginados, dos en una nave y en la otra el tercero. En la que llevaba dos, con las sacudidas de la nave por las tempestades, una de las jaulas se abrió un poco de modo que se pudo salir el tigre; y al salirse de noche, no con menos rabia fue saltando por la nave que si jamás hubiese visto ningún hombre; se ensañó por todas partes, hirió a siete hombres; a uno le quitó el brazo, a otro la pantorrilla, a otro los hombros; a dos mató; a uno que huyendo se subía al mástil, le cogió de un salto; a éste le auxiliaron ya medio muerto los compañeros, y no murió. Todos los que había acudieron con picas, espadas y toda clase de armas, y acosándole con muchas heridas, le hicieron saltar al mar. Y para que el otro no hiciera otro tanto, le mataron en la jaula. El tercer tigre, dice Benavides que le traen en la otra nave (Mártir de Anglería, 2012: 447).

Esos tigres son los que aparecen en el primer escudo de armas de Coatzacoalcos, blasón que le fue concedido por el monarca español en 1523. En ese escudo aparecen dos tigres levantados sobre sus cuartos traseros, las colas alzadas y las patas delanteras puestas sobre el tronco de un árbol de cacao. Era entonces Coatzacoalco una rica provincia cuyos principales productos eran el cacao, el algodón y el ixtle, pero no aparecen en la Matrícula de Tributos porque no fueron conquistados por los aztecas. Sin embargo, en los primeras décadas de la conquista española esos son los productos que los pueblos indios entregaban a los corregidores y a la Corona, según el Libro de las Tasaciones.

La primera fundación

A pesar del dicho de Cervantes de Salazar de que quien pobló Coatzacoalcos fue Joan Velázquez de León, ha prevalecido la versión de Bernal Díaz del Castillo, quien afirma que la primera villa la fundó Gonzalo de Sandoval. Cuenta que con el fin de deshacerse de varios soldados que “desvergonzaban en demandarle más partes y le decían que se lo tomaban todo para sí y lo robaba, y le pedían prestados dineros” Hernán Cortés acordó enviarlos lejos a cumplir distintas comisiones. Así salió Gonzalo de Sandoval, a quien “mandó que fuese a poblar Tustepeque y que castigase a unas guarniciones mexicanas que mataron, cuando nos echaron de México, setenta y ocho personas y seis mujeres de Castilla que allí habían quedado de los de Narváez; y que poblase una villa que se puso por nombre Medellín; que pasase a Guazaqualco y que poblase aquel puerto…” (Díaz del Castillo, 1986: 377). Con Sandoval salieron, entre otros, el propio cronista Bernal Díaz del Castillo, Juan de Limpias, Juan de España y un hermano de Pedro de Alvarado.

Luego escarmentar a Tuxtepec y de enfrentarse a los mixes, Sandoval se dirigió a conquistar Coatzacoalco, pero la provincia se entregó en paz.

… poblamos el pueblo que estaba junto al río, y era muy bueno para el trato de la mar, porque está el puerto de allí cuatro leguas el río abajo; y pusimos por nombre la Villa de Espíritu Santo, y pusimos aquel sublimado nombre, lo uno, porque en Pascua Santa del Espíritu Santo desbaratamos a Narváez, y lo otro, porque el santo nombre fue nuestro apellido cuando le prendimos y desbaratamos; lo otro, pasar aquel río en este mismo día, y porque todas aquellas tierras vinieron en paz sin dar guerra; y allí poblamos toda la flor de los caballeros y soldados que habíamos salido de México a poblar con Sandoval… (Díaz del Castillo, 1986: 393).

Se da por sentado que la Villa del Espíritu Santo fue fundada el 8 junio de 1522, en la margen derecha del río Coatzacoalco. Este enclave español fue fundamental y posteriormente se tomaría como base de las acciones militares emprendidas contra los pueblos del sur de Veracruz, Tabasco y Chiapas, que pronto se sublevaron. Desde su fundación, la Villa contó con un Ayuntamiento del cual formó parte el famoso conquistador y cronista Bernal Díaz del Castillo. A partir de 1525 la villa tomó la categoría de Alcaldía Mayor. Su jurisdicción abarcaba desde los límites de los Tuxtlas hasta el oriente de lo que hoy es el estado de Tabasco y parte de los actuales estados de Chiapas y de Oaxaca, aunque en los años posteriores, al fundarse nuevas provincias, fue reduciendo su territorio hasta quedar limitado al sur de Veracruz y noroeste de Tabasco.

Al momento de la conquista la provincia de Coatzacoalco tenía alrededor de 76 poblados sujetos y unos 50,000 habitantes distribuidos en todo el sur de Veracruz y parte de los actuales estados de Oaxaca, Chiapas y Tabasco, aunque para 1580 la población se había reducido a unos 3,000 habitantes, debido a las epidemias, la explotación española y la huida de los indios a tierras inaccesibles.

Es difícil determinar la etnia a la que pertenecían los pueblos de la provincia, pues se menciona que hablaban al menos cuatro lenguas: mexicano “corrupto”, popoluca, zapoteco y mixteco. Algunos pueblos actuales que aparecen en la “Relación de Coatzacualco” se pueden identificar casi con seguridad como pueblos nahuas, como Ixhuatlán, Moloacán, Tatahuicapan, Oteapan, Chinameca, Jáltipan, Acayucan, Soconusco, Mecayapan, San Francisco y Santiago Minzapan y Huazuntlán. También se mencionan otros pueblos nahuas que perduraron varios decenios o siglos más, pero que finalmente desaparecieron, como Tonalá, Ocelotepec, Acalapa, Tenantitlan, Monzapa, Chacalapa y Aguataco. De habla popoluca eran Soteapan, Sayula, Oluta y Texistepec. Los pueblos de la zona de los Ahualulcos, en Tabasco, también dependientes de la provincia de Coatzacoalcos, como Cosoleacaque, Chicoacán, Mecatepec, Huimanguillo y Ocuapan, hablaban nahua y popoluca, según menciona Joseph de Solís en su intento de congregación de estos pueblos en 1600.

Al igual que la vieja Veracruz, la Villa del Espíritu Santo también parece haber sido una población itinerante, pues en 1587 sus pobladores pidieron que se cambiara una legua río arriba, en tierras de la estancia de Juan de Coronado, en un lugar alto y sano, con abundantes bastimentos, monte, agua y pastos, donde podrían llegar las barcas cómodamente, pues el lugar del asentamiento original era insalubre, y sus habitantes lo estaban abandonando poco a poco (AGN, General de Parte, III, fol. 38).  De hecho en 1586 Juan Coronado pedía al virrey una estancia y dos caballerías de tierra cerca de Coacotla, por lo que no es remoto que sus propiedades hayan abarcado hasta el Paso Nuevo, llamado así porque precisamente allí se pasó la nueva villa del Espíritu Santo (AGN, Mercedes, vol. 13, f. 214v).

Lo más probable es que la Villa del Espíritu Santo se mudara del área que ocupa la villa de Allende, frente a la actual ciudad de Coatzacoalcos, o del área que hoy ocupa Nanchital al lugar que hoy lleva el nombre de Paso Nuevo, donde la tradición oral ubica a la antigua Villa. No obstante, poco a poco el nuevo lugar fue siendo abandonado y la cabecera de la alcaldía mayor pasó a Acayucan.

Hay confusión sobre el lugar donde estaba originalmente la Villa del Espíritu Santo. Bernal Díaz del Castillo es el único autor que menciona que dicha población estaba a cuatro leguas de la desembocadura del río Coatzacoalco sin precisar si la población española se fundó en el pueblo indígena de Coatzacoalco, que era la cabecera del señorío, o si se fundó en un lugar aparte. Numerosos mapas de la época ubican a la Villa de Espíritu Santo indistintamente en el área que ocupa el actual pueblo de Villa Allende o en el lugar donde hoy se asienta el caserío de Paso Nuevo, a un lado del actual puente Coatzacoalcos II. Entre ambos lugares, a la altura del actual Nanchital, ubica a Guazacualco el mapa de Francisco Stroza Gali que acompaña la “Relación de la Provincia de Coatzacualco, Villa del Espíritu Santo”, redactada por el alcalde mayor Suero de cangas y Quiñones en 1580.

El lugar donde hoy se ubica el Dique Seco del Túnel Sumergido, entre la desembocadura del río Coatzacoalcos, la laguna de Pajaritos y los médanos, se designa en el mapa de referencia como asiento de una pesquería, aunque no tenemos constancia documental de que se haya mercedado pesquería alguna en la región durante le siglo XVI. En lo que coinciden todos los mapas es que la Villa del Espíritu Santo y la cabecera del señorío de Coatzacoalco se encontraban en la margen derecha del río, a pocos kilómetros de la desembocadura.

No sabemos en que fecha se cambió la cabecera de la alcaldía de Coatzacoalco a Acayucan. Algunos autores afirman que fue después de 1672, al ser incendiada la Villa del Espíritu Santo por los piratas, siendo totalmente destruida en 1682. Sin embargo, la población española había abandonado la Villa desde hacía muchos años y lo más probable es que para 1687 fuera un paraje desolado, ya que hasta 1640 el pueblo aún era mencionado pero hacia 1670 la Villa del Espíritu Santo se daba como desaparecida (AGN, Tierras, 3030; Indios, 355, exp. 498; tributos, t. 10, exp.2) por lo que su abandono debió darse tiempo atrás, quedando Acayucan como cabecera provincial y nombrándose a la comarca indistintamente como Alcaldía Mayor de Guazacualco o de Acayucan. Hay que anotar que desde 1617 el alcalde mayor de Guazacualco despachaba en Acayucan diversos asuntos oficiales, pero ignoramos si ya era cabecera de la provincia (Bolaños y Muñoz, 1899). Acayucan se mantuvo como cabecera de la Alcaldía Mayor, y luego subintendencia de Coatzacoalcos al menos desde mediados del siglo XVII hasta la Independencia.

Coatzacoalcos, ayer y hoy.

El Coatzacoalco que encontraron los españoles en 1520 era cabecera de una extensa provincia con varios siglos de existencia. Las investigaciones arqueológicas realizadas con motivo de la construcción del dique seco y del túnel sumergido en el Coatzacoalcos actual, demostraron que el sitio estuvo habitado desde el 400 ac hasta por lo menos el 1200 de la Era. Los materiales rescatados indican que frente al Coatzacoalcos contemporáneo se encontraba un puerto prehispánico dedicado a la pesca intensiva tanto en el río como en alta mar, además de comerciar desde tiempos olmecas tardíos hasta la conquista española dos materias primas importantes para la región: chapopote (petróleo crudo) y almagre. Incluso se encontró que era un puerto que sirvió de escala entre Teotihuacan y las ciudades mayas durante el clásico medio y tardío. Ese Coatzacoalco reunía condiciones fundamentales para ser cabecera de la provincia: estaba a medio camino entre los dos grandes imperios del periodo clásico, ocupaba un lugar estratégico (junto a un río importante, en un extremo del istmo, y en la costa) y tenía acceso y control de materias primas básicas usadas profusamente por otras provincias (Delgado, 2008).

A la llegada de los conquistadores españoles Coatzacoalco seguía siendo cabecera provincial y población importante, al grado de que allí se fundó la tercera villa española de la costa del Golfo. Pero al cambiar las condiciones la villa desapareció. Aunque en los albores de la independencia se trató de crear nuevamente al puerto de Coatzacoalcos, la iniciativa y el decreto respectivo tuvieron poco éxito. Fue hasta el siglo XIX, en diciembre de 1881, que se fundó otra población con el nombre Coatzacoalcos, el Coatzacoalcos actual, agregando la S final a su nombre, en un vano intento de corregir la incorrecta pronunciación española que se daba a la provincia, ya que se le nombraba Guazacualcos. Pero este Coatzacoalcos poco tiene que ver con el Coatzacoalcos prehispánico, además de haberse fundado en la orilla del río contraria a donde estuvo el pueblo original. Sin embargo, llama la atención que tanto el Coatzacoalco antiguo, como el Coatzacoalcos nuevo, se hayan desarrollado en base al petróleo, la pesca y el comercio, lo cual confirma la vocación estratégica de este espacio.

Es cuanto

ATENTAMENTE

Lic. Federico Valentín Andrade Flores

Historiador de Coatzacoalcos

Fuentes

Archivo General de la Nación, ramos General de Parte, Indios, Mercedes, Tierras y Tributos.

Bolaños Cacho, Miguel e Ignacio Muñoz. Límites entre los estados de Oaxaca y Veracruz. Imprenta y Papelería de Francisco Márquez, Oaxaca, Oax. 1899.

Cangas y Quiñones, Suero de. “Relación de la provincia de Coatzacoalco, Villa del Espíritu Santo”. Relaciones Geográficas del siglo XVI: Antequera. T. 1, Edición de René Acuña. UNAM, México. 1984.

Cervantes de Salazar, Francisco. Crónica de la Nueva España. Biblioteca Porrúa no. 84, Porrúa, México. 1985.

Dr. Alfredo Delgado Calderón, Informe preliminar del proyecto de Salvamento Arqueológico del Túnel Sumergido Coatzacoalcos. Centro INAH Veracruz. Veracruz, 2008.

Díaz del Castillo, Bernal. Historia verdadera de la conquista de la Nueva España. Sepan Cuantos… no. 5, Porrúa, México. 1986.

Mártir de Anglería, Pedro. Décadas del Nuevo Mundo. Editorial Bajel, Buenos Aires. 2012.

Tesis doctoral de Dr. Alfredo Delgado Calderón

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